viernes, 18 de octubre de 2013

La claridad de ideas de los niños

El cuento de la hormiguita que quería mover las montañas.
Texto: Michaël Escoffier
Ilustraciones: Kris Di Giacomo
Traducción: Esther Rubio.
Kókinos, 2012.


Mis hijas tienen las ideas muy claras. Si fueran chicos la gente diría que "saben lo que quieren". Por alguna extraña razón, más de una vez y de dos he oído decir que son "muy tercas" o "muy testarudas". El cuento que os traigo hoy viene al caso. No importa lo que te esfuerces por llevar las riendas de una conversación con un niño, no importa lo que luches contra sus peticiones o contra sus imposiciones: saben lo que quieren. Y lo piden con una maravillosa sonrisa. No pocas veces piden imposibles, cosas absurdas o peligrosas, y hay que reconducir la conversación tratando de que la sangre metafórica no llegue al río. La mayoría de las veces, piden cosas con sentido y es mejor dejar que la corriente de su río nos envuelva y nos arrastre por sus profundidades.

No sé si conoceréis a Escoffier* y a Di Giacomo. En mi casa hace tiempo que tienen su propio altar por maravillas como La vocecita o A todos los monstruos les da miedo la oscuridad de las que os hablaré en otro momento. Unos dibujos sencillos, que por simples llegan más fácilmente a los niños, pero de una genialidad apabullante. Tanto el movimiento como los gestos estáticos están reflejados con una precisión y una brillantez infantil. La elección de colores es muy apropiada para el contexto tanto de la historia como del momento de lectura. 

El cuento es una conversación entre madre e hija. ¿Sobre qué podrían hablar madre e hija? Sobre cuentos, claro está. Comienza con la niña pidiendo a su madre, agotada, que le cuente un cuento. Para facilitar la lectura tanto al adulto como al niño que no sabe leer las intervenciones se diferencian por colores. Negro para la madre, rojo para la hija. ¿Que cómo se puede facilitar la lectura a alguien que no sabe leer? Pues se puede, sí señor, porque leer no es sólo hacer la m con la o mo, muchachos. Y los niños leen mucho antes de saber leer. Y se agradece muchísimo este tipo de detalles que permiten que nuestro auditorio pueda seguir qué es lo que estamos descifrando entre esa grafía enigmática y críptica para ellos.

La mamá comienza su historia pero, como sucede el noventa por ciento de las veces que una trata de inventar sobre la marcha un relato para su prole: todo se vuelve en su contra. ¿Por qué demonios piden que les narres algo si lo que en realidad desean es crearlo ellos mismos? ¿O quizás es que tienen un conocimiento intuitivo de la creación colaborativa? Sea como sea, siempre que empiezas un cuento no eres capaz de terminar la historia tal y como tú querías. Siempre hay dragones donde debía haber hormigas, mamuts donde sólo había palos o extrañas apariciones de pterodáctilos. Y siempre, siempre, todo eso mejora con creces lo que se estaba contando. 

Ésa es la historia de este cuento. La historia de una madre que quiso dormir a su hija y terminó siendo dormida por ella. El cuento del dragón que, por más que lo intentó, no pudo evitar que al final la hormiguita consiguiera mover la montaña. Un libro para todos los niños que tienen la creatividad por las nubes y una gran capacidad de iniciativa. Para mis hijas, para todas las hijas. Un regalo perfecto para cualquiera, mayores o pequeños, chicos o chicas, para los que les gustan los dragones y para los que prefieren las hormigas. Una pequeña obra maestra en una estupenda edición como las que ya nos tiene acostumbrados Kókinos.

Sed felices. No dejéis de contar cuentos. No olvidéis permitir que os los cuenten. Y desansad, por favor, que vamos todos con la ojera pintada.

* Podéis visitar su blog aquí: http://michaelescoffier.canalblog.com/


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