jueves, 17 de octubre de 2013

Cuando lo urgente toma el lugar de lo importante

Donde vive el tiempo
Texto: Vladimír Skutina
Ilustraciones: Marie-José Sacré
Traducción: Miryam Delgado de Robles
Para nuestra edición, SM, Madrid, 1986.


Ocurre a menudo, demasiado a menudo. Yo misma he visto pasar el verano como árboles por la ventana de un tren. Trabajo, trabajo, trabajo, estudio... Siempre hay cientos de cosas que hacer. Siempre hay nuevas cosas que aprender y a veces no nos detenemos a pensar en lo que estamos enseñando. Nuestros hijos perciben de nosotros hasta lo que no sabemos que existe, nuestra sombra misma. Los nervios, las presiones, las exigencias desmesuradas, el perfeccionismo. "Ahora no", "Estoy trabajando", "Dame media horita y juego contigo, pero déjame terminar ahora esto". Y es cierto -lo de la media horita no, siempre es más tiempo- no se puede dejar un escrito en cualquier punto y volver a la redacción como si tal cosa. 

Puede que les estemos trasladando a nuestros hijos valores interesantes (aunque inservibles en el mundo real): la importancia de tomar responsabilidades, el valor del esfuerzo, la concentración en los detalles... No lo sé. Lo que sí sé es que les dejamos un amargo sabor de boca. La idea -no por errónea despreciada por sus cabecitas- de que son menos importantes. Que lo primero es lo primero y, en ocasiones, lo primero no eres tú. Puede que no os suceda esto. Estaré realmente encantada de descubrir que este tipo de patinazos sólo los cometo yo y que los niños del mundo -que con mucha suerte tienen muchas, muchas figuras de apego en su vida (si eso pudiera ser…)- crecen no sólo siendo queridos, sino también siendo plenamente conscientes de ello.

En cualquier caso, allá va. Por mis dos nenas: Donde vive el tiempo.

Donde vive el tiempo es la historia de Karin, una niña que desea con todas sus fuerzas captar la atención de sus padres y de su hermano mayor. Pero nunca hay tiempo. Siempre es tarde y no hay tiempo para detenerse a contemplar las maravillas que ella encuentra en cada rinconcito de su vida. Karin quiere saber qué es ese tiempo que nadie tiene para estar con ella y alertada por su madre de que éste no es otra cosa que un monstruo va en su busca por la ciudad hasta llegar al reloj de la iglesia. Allí, aparentemente, habita el Espíritu del Tiempo. En su aventura mitad realidad, mitad fantasía, la niña descubrirá que las reglas del tiempo son inmutables. 

"-¿Dónde te habías metido?- preguntó su madre mientras el padre miraba severamente su reloj de pulsera. ¡Eran las seis y cuarto!
-En un cuento.
(...)
-¿Y qué has visto en el cuento? -le preguntaron.
-He visto el lugar donde vive el tiempo -dijo Karin-. Y si tenéis un poco de tiempo para mí, os lo contaré".

Las ilustraciones me han encantado. Como todos los libros de estos años me han traído a la mente aquellas tardes en la biblioteca del colegio. Cuando yo todavía tenía tiempo. Derrochaba tiempo, regalaba tiempo, despreciaba tiempo. Ahora es el turno de mis hijas. ¡Háganse a un lado, que van Vida y Alana!

Así deberíamos eschuchar a nuestros niños; calmados, relajados. ¿Qué hay más bonito que una chimenea, un sofá, un gato, una luz acogedora y, quizás, una pipa? Un escena tiernísima, no se echa de menos nada.

Sed felices. Disfrutad de cada instante y del siguiente, del siguiente y del siguiente.

* Gracias a la Biblioteca de Ampuero, de donde sacamos este ejemplar. Gracias también al Ministerio de Cultura, que hará la friolera de dos décadas donó el libro a la biblioteca. No dejéis de llevar a vuestros hijos a la biblioteca. No dejéis de ir vosotros. A veces lo que en apariencia es gratis (que no es gratis y que es de todos...) pasa desapercibido. Lo damos por hecho, lo tomamos por garantía. ¡Vivan las bibliotecas y la cantidad de historias que encierran, la mayoría de ellas fuera de los libros!

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