viernes, 21 de junio de 2013

La araña y la luna

Antoni Cuadrench (texto)
Jesús Ballaz Zabalza (versión castellana)
Montserrat Ginesta (ilustraciones)
Tono, el hilo y la araña
Editorial La Galera, colección la sirena, Barcelona, 1985.

"En ocasiones, las cosas que aparentemente no sirven para nada sirven para todo". 

Así comenzó más de una vez sus clases uno de mis profesores de Historia Medieval. Aquel era un alegato por la historia, por el compromiso de la historiografía con la sociedad. Esta semana me ha venido el recuerdo de aquel junio de 2002, mucho más agradecido en lo meteorológico. Entre los libros de Aitana he encontrado más de media docena de joyas. Libros que, por lo que sea, todavía no había leído con Alana y con Vida. Tono, el hilo y la araña es uno de ellos. Fijaos en esta portada:


Verla es retrotraerme a aquellos veranos de entonces, de La Rioja, de río y piscina, de cabañas de fardos y bicicleta oxidada. De mi madre y mi hermana Salomé con una docena de libros, aquellos duendes verdes, barcos de vapor, alfaguaras o ala deltas... Los veranos eran de juegos y de exteriores en el calor abrasante de Cihuri -siempre sudando, siempre corriendo- pero eran también uno de los momentos del año en los que mi madre me regalaba lecturas. Puedo decir, con admiración, que para mi madre jamás hubo crisis para los libros. De texto o de ficción, eso daba igual, los libros nunca quedaban en segundo plano.

Las ilustraciones de Montserrat Ginesta me han recordado todos esos momentos. El olor de los libros nuevos, las noches de leer en el baño, a escondidas, porque a mi hermana mayor, desde la litera de arriba, le molestaba la luz (no tenía luz de lectura por entonces). He disfrutado como una cría con este libro. Sonrisas en todas las páginas, arañas con vestidos estampados de mariquitas, lunas trapecistas, en resumen: una genialidad. Antes de leer la historia ya estaba convencida. Pero después de leerla...

Después de leerla fue todavía mejor. Tono, el hilo y la araña es el cuento de un niño que quería alcanzar la luna -sí, sí, como en la canción-, Tono comienza ideando planes y artificios para conseguirlo, pero pronto comprende que es una tarea demasiado difícil para un solo niño. Y ahí es donde entra en juego la araña que teje que te teje, come que te come, hace que Tono alcance su destino. ¿Mensaje? Todos. Todos o ninguno. Sólo por ver cualquiera de las ilustraciones el libro merece la pena. Sólo como narración lineal, sin más ambiciones, es un libro redondo. Pero "en ocasiones, las cosas que aparentemente no sirven para nada, sirven para todo". Para mostrar a los niños que vivimos en comunidad -esta mañana lo comentaba con Diana tomando un café-, que nos necesitamos unos a otros: los mayores, los pequeños, los niños rubios y las arañas con gafas. Para contemplar el valor del esfuerzo y de la constancia, y el premio de terminar lo que uno comienza. O para enseñar a nuestros hijos -y para recordar nosotros mismos- que soñar no cuesta nada y que uno puede ser tan grandioso como sus sueños, que merece la pena tener grandes ilusiones aunque no siempre contemos con una araña tejedora que nos apoye. 

Sed felices, no echéis a un lado los libros viejos, los más gastados. No pocas veces son los mejores.

* Es interesante también tener en cuenta que el libro está escrito en minúsculas, con clara caligrafía y un tamaño adecuado para los lectores noveles.

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