domingo, 14 de abril de 2013

¡Qué duro es compartir cama con una vaca!

Josefina no puede dormir
Alexander Steffensmeier.
Traducción de Moka Seco Reeg.
Anaya, 2011.

(Otros títulos de la colección: Josefina busca un tesoro, Josefina en la nieve, Josefina al acecho y Josefina se va de vacaciones. Nosotras, por ahora, contamos sólo con éste y gracias al nunca suficientemente valorado patrocinio de "los abuelos").


Josefina no puede dormir. Y mira que su amiga la granjera cada noche reune a sus animales y les cuenta un cuento con todo el cariño y la mejor interpretación del tigre feroz. Es de noche, está oscuro y todos duermen. Todos menos Josefina. Y ya sabemos que cuando uno no puede dormir tampoco puede parar de darle vueltas a la cabeza. Lo prueba todo: hacer ejercicio, ponerse calcetines, tomar un cubo de infusión de tila... Pero nada. Está visto que no es su noche. ¿Por qué los otros animales duermen tranquilos?

Josefina no puede dormir, para mí, es un cuento sobre el miedo que todos tenemos a la oscuridad, a la noche y a la soledad. Puede ser todo eso o puede ser cualquier otra cosa. Quizás para ti sea simplemente la historia de una noche en la granja (muy divertida, por cierto) o un libro con preciosas ilustraciones (fijaos en los ojitos de los personajes o en los detalles del gallinero, que son de risa mortal de necesidad). Lo miremos desde el prisma que lo miremos es un buen libro. Eso sí, para nosotras tiene un valor añadido al entenderlo como un modelo de colecho (sí, aunque sea de manera subsidiaria). 


Todas las familias tenemos nuestras costumbres y nuestras manías, nuestras filias y nuestras fobias. Me resulta interesante mostrar a través de los cuentos la diversidad que existe tanto dentro como fuera de los muros de nuestra casa. Es curioso ver cómo Vida y Alana se sorprenden con unas historias, cómo integran otras, cómo les asustan o les reconfortan. Pero a veces me da la sensación de que algunos temas están "infrarrepresentados" en la literatura que consumimos habitualmente y me las veo y me las deseo para conseguir libros que los traten (que sí, siquiera cogidos por los pelos, soy consciente). Lo repito, por si no me explico bien: todos somos distintos -todos "iguales en la diferencia"- pero a todos nos gusta, por lo menos de vez en cuando, no sentirnos el patito feo o el bicho raro de la pradera.

Aunque pueda parecer extraño o incluso absurdo, considero -sé- que la literatura tiene un fuerte componente socializador. No creo que haya que obsesionarse con ello, pero sí tenerlo presente. Por eso cuando el abuelo le regaló a Alana Josefina no puede dormir lo adopté como propio. Porque hay libros que, de tanto compartirlos, nos pertencen. Leedlo. Esperamos que os guste tanto como a nosotras.

¡Sed felices! Y, sobre todo, disfrutad siendo como sois. Tan distintos, tan iguales...

* Sí, Dopi, lo mío con las vacas es para hacérmelo mirar.

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