martes, 9 de abril de 2013

Mamá, no quiero dormir todavía

En nuestro caso: Endevina com t'estimo (por cortesía de un  buen amigo catalán).
Texto de Sam McBratney.
Ilustraciones de Anita Jeram.
Editorial Kókinos, 2002.





Esto sí que es un clásico y no las versiones mal contadas de los hermanos Grimm que podemos encontrar en cualquier bazar (en otra entrada puede que os mostremos algunas ideas para reciclar ese tipo de libros. Se nos acumula el trabajo). Ya hemos hablado en otras ocasiones de la ardua tarea de tratar de dormir a un niño cuando éste no tiene sueño (o cuando tiene demasiado). Es muy probable que el momento de mayor creatividad de tu hijo o hija sea la hora de ir a la cama. Puede tener miedo, puede tener sed, puede tener ganas de hacer pis, pueden entrarle unas repentinas ansias por relatar con pelos y señales cómo ha sido su día... Pequeños: puede que el momento de menor paciencia y mayor aburrimiento de vuestros padres y madres y sea la noche. Puede que quieran bañaros tranquilamente (¿Baño tranquilo? ¿Y el chapoteo? ¿Y las pompas? ¿Y jugar a piratas y a buzos? ¿Qué quedó del empapar el pijama y la toalla?), puede que os lean cuentos exigiendo silencio y ojos cerrados, puede que os den una buena ración de besos y achuchones y, sobre todo, puede que se empeñen en que tenéis sueño. 

El caso es, unos y otros, que este tira y afloja que muchos mantenemos de forma inconsciente se convierte en una espiral sin sentido que a menudo no termina bien. Y eso... Eso no nos gusta. A nadie le gusta. Pero no siempre sale tan mal la jugada. La historia de estas dos liebres escenifica muy bien la mejor de las estrategias. Ha llegado la hora de dormir y la pequeña liebre color avellana, fiel a su identidad de pequeñaja, no quiere someterse a los designios de Morfeo. Y ahí comienza la competición: "Adivina cuánto te quiero". La liebre grande (en mi casa hay un debate abierto, con posiciones enfrentadas, acerca de si se trata de la madre o del padre de la criatura...), astuta como un zorro (¿Quizás "astuta como una zorra"?) no sólo sigue el juego, sino que supera la apuesta. Y envite tras envite la liebre pequeña termina cayendo rendida por el agotador esfuerzo físico y mental. 

Sencillo, directo, precioso y magníficamente ilustrado ("¿Qué es lo que más te ha gustado, Alana?". "Los conejines...").

"Doncs jo t'estimo d'aquí fins a la lluna... ANAR Y TORNAR"

A todos nos gustaría que alguien nos dijera eso todas las noches. Tal vez podríamos comenzar por decírselo nosotros a las personas a las que más amamos. En su defecto podemos utilizar la fórmula de Vida Lightyear: "Mamá, yo te quiero hasta el infinito y más allá".

¡Sed felices! Haced felices a los vuestros.

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