sábado, 6 de abril de 2013

¿Hay algo más aburrido (y difícil de llevar) que ser un príncipe azul?

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?
Autora: Raquel Díaz Reguera
Editorial: Thule
Año: 2010


Sí, ya sé que repetimos autora (estáis en todo, ¿eh?) pero es que la obra lo merece. Desde el título, que ya anuncia una maravilla de cuento, hasta esa incógnita final estupendamente planteada y que sin duda comparto: "¿Por qué todas las niñas quieren ser princesas?". No, tranquilos, que ahora no vienen cinco páginas sobre socialización diferenciada. Lo confieso: yo, como Raquel Díaz y como la protagonista del cuento, nunca quise ser una princesa. Ni rosa ni verde. No quería ser una princesa. Mis hijas, por el contrario, son candidatas número uno a heredar reinos, a caer en encantamientos de brujas y madrastras malvadas, a palidecer su tez morena y a ralentizar el ritmo de sus corazones en espera de un beso encantado... Vamos, que Vida y Alana son princesas, princesas. Y esto me causa algún que otro trastorno en mi día a día, pero este no es el lugar para comentarlo, me temo (salvo petición popular, claro, ji, ji, ji).

Hace tiempo -hace mucho tiempo, antes incluso de la maternidad- me planteé qué clase de cuentos quería contar a los niños, propios o ajenos, que no siempre es lo mismo. Puede parecer una cuestión baladí pero lo cierto es que se convirtió en una preocupación recurrente. Lejos de lo que se relataba en la entrada anterior: me encantan los cuentos simples. Me apasionan los cuentos sin mensaje, o que aparentemente no lo tienen. El problema no reside tanto en que queramos transmitir unos determinados valores con los libros (internet está repleto de páginas de "cuentos con valores") como en el hecho evidente de que los cuentos transmiten valores. Y ahí se complican mucho las cosas. No tanto porque nos vayamos a encontrar con verdaderas aberraciones en los relatos para niños (aunque haberlas haylas): soy una fiel defensora de la lectura crítica desde edad temprana (¿El útero materno?). No, el asunto es que a menudo, cuando nos empeñamos en querer transmitir valores lo terminamos haciendo de forma antinatural. Los relatos "chirrían". La "empatía", la "cooperación", la "igualdad" aparecen como fantasmas en las sombras. Estabas disfrutando de la lectura y de pronto... ¡Zas! Tortazo de tolerancia. Deberían hacer una promoción: libro con calzador sentimental de regalo.

Y os preguntaréis: ¿Entonces por qué nos traes hoy este cuento? Ah, mis ávidos lectores. Pues es evidente, porque en el caso de Raquel Díaz Reguera no es así en absoluto. Su narración es coherente, es convincente, es conmovedora, es... Lógica. Lógica hasta para niñas y niños de infantil que comienzan a tener ya muy integrados los estereotipos de género. ¿Por qué las princesas iban a ser como flores? ¿Por qué tienen que ser débiles y, peor todavía, por qué tendría que gustarles y deberían aceptarlo? 

¿Hay algo más aburrido...? No es un "recurso coeducativo". Funciona estupendamente como tal, no me malinterpretéis. Lo que quiero decir es que es literatura. Literatura de la buena. Si, de forma subsidiaria, nos sirve para trabajar valores, bienvenido sea. Pero el cuento no se ha convertido, como en la mayoría de los casos, en un pretexto para sermonear a los más pequeños. ¿Y sabéis qué? Que ésa es la única forma de llegar a ellos a través del cuento. El arte transmite sentimientos y este libro es arte.

No puedo terminar esta entrada sin llamar la atención sobre este párrafo:

"Todos aplaudieron, excepto un príncipe azul, que con el gesto muy serio, preguntó: 
-¿Y qué hacemos ahora los príncipes azules'
La anciana se quedó pensativa antes de responder:
-Vosotros podréis vestir de rosa".

Somos muchas las mujeres que crecimos sin querer ser princesas. Con lazos, con coletas, con vestidos impuestos. Con reconvenciones, con advertencias. Hombres que queráis ser azules, morados o rosas: a ello. Todavía nos queda muuuucho camino por andar. Quizás nuestros hijos lleguen a comprender a los príncipes rebeldes (advertencia a Disney: Brave nos gustó, pero nos supo a muy poco)

¡Sed felices!
 
* El otro día una amiga me comentó que le gustaba mucho el blog pero que sólo comentamos libros "para niñas". Lo cierto es que esa crítica ni se me había pasado por la cabeza. Después de reflexionar mucho sobre ello cambié de libro para esta semana y surgió este texto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario