jueves, 25 de abril de 2013

Cualquier día puede ser el día del libro

Libro que no has de leer, déjalo crecer. Regálalo. Préstalo. Compártelo. Hazlo fluir.

En casa tenemos algunos libros. A Guille le gusta decir que tenemos muchos libros, pero no. Tenemos algunos libros. Los necesarios. Me gusta pensar que son parte de mí, de la familia. Algunas veces, no muchas, disfruto regalando un libro de mi biblioteca a un amigo especial que se haya pasado por casa. Así, cogiéndolo de la estantería y ofreciéndolo como entre susurros. Hay personas a las que les gusta presentar a sus amigos, juntarlos, hacer citas a ciegas. Yo presento libros. Pero sólo a quien sepa entenderlo. Desprenderse de un libro es tanto como regalar los recuerdos de un instante glorioso de tu vida. Desnudar tus secretos ante el amigo fiel, hacerle partícipe de tu dicha y de tu amargura.

No, definitivamente, hay regalos que no se pueden comprar. Es la pluma de tu abuelo que guardas con cariño sabiendo que no la utilizarás para que no pierda su doma. Las cicatrices, las arrugas que todos tenemos en el alma y en la memoria son marcas en las páginas de tus libros, manchas de sudor de las manos, un perfume, golpes que recibió en bolso o en la mochila, arena de playa de aquel verano... No te doy un libro, te regalo un sentimiento. Quiero hacer tuyo el brillo del tiempo que dediqué a lectura. La herencia inmaterial.
 
En ocasiones, por costumbre o por descuido, los libros traen sorpresas entre sus páginas, entradas de cine, billetes de autobús, metro o avión, folletos o flores secas. Pequeñas pistas para el navegante en memoria ajena. Invitaciones a la imaginación del amigo, convertido sobre la marcha en voyeur de tu vida. Compartir tu biblioteca, cederla incluso, es una de las acciones más íntimas, es darte a los demás. 

Esta semana en el colegio de Vida y de Alana han organizado una actividad muy interesante. Los alumnos (y los padres y las madres, si lo desean) llevan libros para intercambiarlos por otros que trajeron sus compañeros. Me parece un gran acierto. Esta mañana Alana estaba triste por tener que despedirse de tres de sus libros. "Pero mamá, no te los lleves. ¡Me gustan mucho!". Por eso los llevamos. Porque le gustan. Porque así otros niños disfrutarán como ella de unas historias nuevas. Regalar un libro -compartir un libro- es recomendar un universo nuevo. No debe doler, hay que disfrutar con ello. Y con el paso los años te gusta cada vez más.

¡Sed felices! No os escondáis en vuestras bibliotecas, compartid con vuestra gente.

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