jueves, 14 de marzo de 2013

Ricitos morenos y los tres cerditos

Ricitos de oro... Y los tres ositos.
Un libro carrusel.
Editorial Combel.
Autor: Jenny Arthur.
Adaptación: Carmen Gil.
Año: 2012



 "¡Y el de Ricitos de Oro! ¡Y el de Ricitos de Oro también! ¡El de Ricitos de Oro!". Algo así es lo que deben de sufrir mis vecinos todas las noches. Seguido de un: "¡Hoy los ositos yo! ¡No! ¡Ricitos de Oro yo! ¡No! ¡No, hoy lo cuento yo! Al revéeeeeessss... (de ahí los ricitos morenos y los preciosos cerditos)".  Y es que la historia es divertida y por muy conocida no es menos ingeniosa la adaptación que nos presenta Combel. Con sus rimas y todo. Podrían haber escrito El Quijote que el texto pasaría a un segundo plano. Seguro. Estoy convencida. No nos engañemos, el cuento es muy bueno pero lo mejor que tiene este libro es... ¡Que es un juego! Ay, incondicionales seguidores del Pollo Pepe. ¿Creíais que la diversión terminaba en una barriga, unas patas y un pico? Pues no, los de la Editorial Combel nos ofrecen el formato "libro carrusel". No es que sea el colmo de la innovación, pero el resultado es óptimo.

Al abrirse se despliega el mundo de los ositos: con el bosque, su cocinita, su salón y su habitación. No han dejado en el aire ningún detalle. Los cajones se abren, las camas y las alfombras esconden bonitas sorpresas, la silla del osito pequeño se rompe con un simpático ruido de scratch y, lo mejor, viene acompañado por los protagonistas en perfecta cartulina (¡Con dos gestos! Cara alegre/cara enfadada, cara despierta/cara dormida). Vamos, lo que mi madre denominaría "una cocada".


Si queréis horas interminables de juegos -y peleas-, de diversión -y peleas-, de lectura -y peleas- os recomendamos este libro. Eso sí: una vez lo conozcan os arriesgáis a tener que leerlo todos los días de vuestra de vida. Y digo bien, días, porque -salvo que en vuestra casa os guste el deporte de riesgo- no conviene leerlo de noche. No, al menos, si queréis que dure más de una noche. En resumen: que sí, que nos encanta. ¿A qué esperáis para buscarlo en la biblioteca o para pedir que os lo regalen (lo de ir a hacer gasto está muy mal en estos tiempos de crisis, pero de algo han de vivir también los abnegados libreros. Esos héroes...)?

¡Sed felices!

* Si no lo digo me expongo a que me echen de la familia. Este cuento tiene la bondad añadida de que fue el regalo de cumpleaños de la mejor amiga de Vida. Dicho queda.


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